Educación para la paz en tiempos de posconflicto

Publicado en Horizontes

¿Qué pasa cuando los niños, las niñas y los adolescentes que han crecido en contextos violentos son incapaces de "sentir lo que otros sienten"? ¿Qué se puede hacer desde la pedagogía para que sean ellos mismos quienes ejerzan una presión social no agresiva?

Por Enrique Chaux*


Una eventual firma de acuerdos de paz implicaría un paso importante hacia la convivencia pacífica. Sin embargo, el paso podría quedarse corto si no se llevan a cabo esfuerzos sustanciales por promover una cultura de paz en una sociedad que ha sufrido tantos años de violencia. Sabemos que la violencia puede incluso aumentar luego de acuerdos de paz, como ocurrió en Guatemala y El Salvador en los años noventa y dos mil. Además, los resultados de investigaciones sobre el efecto que tiene la exposición a la violencia en niños, niñas y adolescentes son particularmente preocupantes, tanto por los efectos psicológicos y sociales negativos, como por el riesgo de que, al haber crecido en contextos violentos, contribuyan a su propagación más adelante en sus vidas. En nuestro grupo de investigación "Educación, Convivencia y Desarrollo" hemos encontrado que quienes crecen en barrios con altos niveles de violencia comunitaria tienden a justificarla con más frecuencia. Por ejemplo, las personas que reportan más disparos o pandillas en sus barrios tienden a estar más de acuerdo con afirmaciones como "Si no se puede por las buenas, toca por las malas", "El que me la hace me la paga", o "Si a uno lo agreden, uno tiene que responder de la misma manera".

Por otro lado, también hemos encontrado que los niños, niñas y adolescentes que están expuestos a la violencia cotidianamente en sus barrios tienden a demostrar niveles bajos de empatía. La empatía, la capacidad para sentir algo similar o compatible con lo que otros sienten, es fundamental para la convivencia; esta motiva comportamientos prosociales, ayuda a prevenir comportamientos agresivos que pueden hacerle daño a otros y puede servir de motivación para reparar los daños que ya se hayan hecho. Pero, sin empatía, las personas pueden pasar fácilmente por encima de otros para conseguir lo que quieren. Por estas razones, es muy preocupante que la exposición frecuente a la violencia haya llevado a que muchos niños, niñas y adolescentes crezcan con bajos niveles de empatía.

Afortunadamente, existen estrategias pedagógicas que promueven la empatía y deslegitiman la violencia. En nuestro grupo creamos el programa "Aulas en Paz" que busca generar convivencia pacífica y prevenir la agresión en escuelas públicas y privadas. Aulas en Paz se basa en el desarrollo de competencias ciudadanas para la convivencia pacífica, es decir, en capacidades cognitivas, emocionales y comunicativas que permiten la interacción constructiva con los demás. La empatía es justamente una de las competencias ciudadanas centrales de Aulas en Paz. Nuestra experiencia nos ha mostrado que es posible diseñar estrategias pedagógicas diversas para el desarrollo de empatía, que son motivantes y significativas para los estudiantes.

Los niños y las niñas aprenden que la agresión no es la única ni la mejor manera de responder ante ofensas y comienzan a ejercer presión social cada vez que compañeros tratan mal a otros, convirtiéndose en una fuerza de regulación social contra el maltrato.

Aulas en Paz también incluye diversas estrategias que buscan deslegitimar la agresión. Por un lado, hay unas pedagógicas que promueven explícitamente que los estudiantes cuestionen creencias que legitiman la agresión. Por otro, el programa le enseña a los niños y las niñas formas que no son agresivas, ni pasivas, para enfrentar conflictos y para responder ante ofensas recibidas. Por ejemplo, la asertividad, definida como la capacidad de defender los derechos propios y los derechos de otros sin recurrir a la agresión, es otra de las competencias ciudadanas cruciales en Aulas en Paz. Los niños y las niñas aprenden cómo responder de manera firme y efectiva ante el maltrato que reciben o que ocurre a su alrededor. De esta manera, aprenden que la agresión no es la única ni la mejor manera de responder ante ofensas y comienzan a ejercer presión social cada vez que compañeros tratan mal a otros, convirtiéndose ellos mismos en una fuerza de regulación social contra el maltrato. Probablemente, en parte por el desarrollo de empatía y asertividad, entre otras competencias ciudadanas, y por la deslegitimación de la agresión, Aulas en Paz ha demostrado efectos significativos en la reducción de la agresión, incluso en los contextos más vulnerables a la violencia.

La enseñanza de la historia en las escuelas representa otra oportunidad para promover la cultura de paz. Existen experiencias de enseñanza de la historia, como el programa Facing History and Ourselves (de frente a la historia y a nosotros mismos), en el cual la historia no es presentada como una lucha entre villanos y héroes, sino como situaciones particulares en las que personas específicas toman decisiones de actuar o no, de manera similar a lo que hacemos en nuestras vidas cotidianas. Así, se crean conexiones entre el pasado y el presente, basadas en la empatía, y se cuestiona críticamente la pasividad frente a las injusticias, agresiones y maltratos que pueden ocurrir en nuestros contextos cercanos. Hoy, un reto para la construcción de paz es el de desarrollar estrategias pedagógicas para enseñar sobre la historia de la violencia y los conflictos colombianos, para producir empatía y un pensamiento crítico que deslegitime la violencia y promueva relaciones pacíficas y de reconciliación. Varios grupos, entre ellos el Centro de Memoria Histórica, ya están asumiendo este reto.

Es claro que la responsabilidad de fomentar competencias ciudadanas como empatía o asertividad, o de deslegitimar la violencia, no puede recaer solamente en las escuelas. Muchas otras instituciones sociales tienen también un rol fundamental como, por ejemplo, las familias y los medios de comunicación. Sin embargo, las escuelas tienen un lugar privilegiado que puede y debe ser aprovechado: son pequeñas comunidades que, para muchos, se convierten en el primer espacio de socialización por fuera de la familia. Además, una parte sustancial de su misión es contribuir a la formación de ciudadanos. Asimismo, las escuelas pueden trabajar de manera coordinada con las familias para que la educación que se recibe en los hogares sea coherente con lo que ellas quieren impulsar. En Aulas en Paz diseñamos varias estrategias para esto, incluyendo talleres para los padres y madres de familia, y visitas a los hogares de los niños o niñas que tengan más problemas de agresión. En esos talleres y visitas buscamos, por ejemplo, brindar estrategias a los padres y madres para desarrollar competencias ciudadanas en sus casas y para manejar asuntos de conflictos, disciplina, normas y límites de maneras asertivas, sin enviar mensajes que promuevan el uso de la violencia. Aunque esto representa un reto grande, hemos encontrado que los cambios más sustanciales ocurren cuando las familias y la escuela logran alinearse en un mensaje claro de que hay maneras no violentas y, de hecho, más efectivas, de relacionarse con los demás. La construcción de una cultura de paz después de tantos años de violencia depende de estos aprendizajes.


Más información:
Chaux, E. (2012). Educación, convivencia y agresión escolar. Bogotá: Ediciones Uniandes; Taurus; Santillana.

www.aulasenpaz.org
www.centrodememoriahistorica.gov.co
www.facinghistory.org


* Enrique Chaux (Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla. es profesor asociado del Departamento de Psicología de la Universidad de los Andes, Colombia.